Vos sabías cómo encontrarlos. Vos los desataste, los despertaste, los sacudiste. Vos ideaste su forma, su color y sus sonidos. Vos incluiste los tuyos en los míos, pero en lugar de llevarte los míos, también me los dejaste.
Yo sabía que ibas a encontrarlos. Yo dejaba los hilos sueltos, les proporcionaba un sueño liviano, les quitaba rigidez. Yo dejé en tus manos los instrumentos para crearlos. Yo te hice espacio para los tuyos aún sabiendo que nunca ibas a llevártelos.
Llamalos como quieras: miedos, puntos débiles, inseguridades. Realmente no interesa ya, porque las palabras no llenan el vacío, tampoco me sacian el vicio. Así las cosas, sólo quedamos vos y yo, separados por una serie de circunstancias que nos llevaron a este y no al otro lado del río. Sos vos y sólo podrías serlo de esta manera, refugiándote en aquella orilla. Por supuesto, y con más razón, soy yo y sólo podría serlo estando aquí, en esta rehabilitación de mí misma, intentando desprenderme.
Qué bueno que ahora nos separa el agua... así es más fácil, puedo volver a encontrarme con el simple acto de mirarme en su reflejo. Y si vuelven las voces, las calla la música que ejecutan las cuerdas del río al vibrar.
Aquí se está bien, los verbos van en pasado y poco a poco la corriente se lleva a aquellos que encontraste, ya casi desatados, apunto de despertarse. Si bien optaste por sacudirlos y luego ideaste su forma, su color, sus sonidos. Para luego incluir los tuyos en los míos, para jamás llevártelos.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
lunes, 23 de agosto de 2010
Give me that which I desire

Un botón,
vos.
Otro botón,
yo.
Después fue el tiempo de los ojales,
del hilo enredado,
algún que otro roce de aguja incisiva.
Observé cómo te encajabas
perfectamente
en el mismo agujero que yo ocupaba.
Sonreíste al ver
que también en tu ojal
mis besos entraban.
El tiempo nos unió
en su vuelo de lado a lado,
creíste
haberme tocado,
sentí
que me habías abrazado.
Un botón,
vos.
Otro botón,
yo.
Hoy es silencio
este otro lado,
caricia suspendida,
mirada desviada.
Sin embargo
la espera,
el hilo
yendo y viniendo,
intentando llegar a vos
...al divino botón.
jueves, 19 de agosto de 2010
They got a skin and they put me in. All the lines wrapped around my face. I'm a lie!
Puedo culpar al día de mi ansiedad, puedo condenar a la noche por ser harto agotadora. Pero más que nada debo culparme a mí y perdonarte a vos. Asumir que el paso del tiempo, con toda su irreversibilidad y su lento caer al suelo, sabe perfectamente cuándo es necesario alterar su velocidad y despertar al Sol a su debido momento.
Quizás, sin ser tan drásticos y optando por una actitud más consecuente, no tendríamos que perpetuar esta conciencia abrumadora sobre las horas, minutos y segundos que condicionan un accionar masivo como si realmente el mundo pendiera de un sólo hilo celeste. No niego cierto grado de unidad, de conexión entre todas las cosas. Pero, ¿hasta qué punto es válido reducirlo todo a una misma unidad de medida, a un único proceso cósmico que regula todo el movimiento universal?
Me gusta sentir que soy responsable de mis actos, de lo contrario no sería necesario responder a esa 'regla moral' de hacerse cargo de las propias acciones; puesto que no estaría en nosotros sino en una voluntad que nos excede absolutamente y es imposible de controlar, conclusión: el flujo de la vida está en sus manos.
Ahora bien, para qué el cuerpo, para qué carajo el devenir del alma en otra voz empeñada en regular el cauce de los ríos, el amanecer, el encuentro. Ya no soporto sus gritos de lata, de eco vacío que no dice ni espera una respuesta. Es como si ella supiera que de nada sirve gritarle al viento que se detenga, al reloj que se retracte... y quizás eso sea todo y cuanto puede hacer, sin dejar de ser esto un ritual tanto válido como productivo. De qué serviría resignarse ante lo 'imposible', lo inmutable, lo inflexible, lo INERTE.
Mi alma sueña que llega a llenar el cielo, a desbordarlo y convertirse ella también en nube, lluvia, estrella, en vigía del suelo. Lo descubrí hace relativamente poco, cuando la sorprendí midiéndose en perspectiva con la mirada hacia arriba, muy concentradamente.
Tanto ella como yo sabemos que el tiempo no para, pero a su vez desconocemos lo que es el tiempo. Y por eso lo negamos, lo cuestionamos, nos mufamos de él. No damos nada por sentado, porque ni siquiera sabemos si nosotras mismas existimos o no en este mundo. Así las cosas, por qué replegarnos a una voluntad que a veces descartamos.
Mejor será seguir mirando el Sol como único parámetro posible, él sí que es incuestionable, constante, perfecto. Y si cierto dejo inteligible de su existencia puede generar dudas alguna que otra vez, nos basta juntar ambas manos y sentirlo allí, entre palma y palma, latiendo entre la piel, generándose lentamente con el devenir de nuestra sangre. Ese calor, es el Sol.
miércoles, 18 de agosto de 2010
¡Y yo que creía que todo era eterno... te saludo ya es otro tiempo!
Ahí va la poesía fugaz, una pestaña que salta de tus ojos y al pedir el deseo... ya no sirve más.No se mide en versos ni estrofas, simplemente se cuelga de los ojos por un instante breve y apenas pestañeás, salta al vacío del olvido; un abismo en que ninguna mirada resiste el paso del tiempo, ni siquiera las palabras pueden regresar a la superficie colocándose encimadas.
Cuando te leí por primera vez no eras más que eso, una fugacidad perenne que regalaba su mejor fragancia al mundo justo un segundo antes de estallar y dejar de ser o perfumar (tus labios eran las estrofas y tu boca: poesía).
Los pétalos de tus palabras, la flor de tus pupilas, la serenidad con que aceptabas la muerte inminente y dejabas una huella imprecisa en aquel papel que también se consumiría tarde o temprano...
Todas esas imágenes se volvieron carne y agua en el momento en que me besaste (metáfora única de abarcar la eternidad e individualizarla en tu boca).
Extraño esa ignorancia dulce de no conocer tus labios, así como también la timidez de mis manos al describir tus brazos antes de que me abrazaras.
Me refriego los ojos en un intento vano de que se me caigan todas las pestañas, los versos y los poemas. Y así, poder seguir adorando tu forma volátil y mortal, tu certeza irrevocable de perecer ante la eternidad de las palabras. Asumir, al igual que vos, que las pestañas se nos caen pero quedan los sueños.
¡Ahora prestame tu pulgar, vamos a jugar!
lunes, 16 de agosto de 2010
Sus cartas, desde el exilio, prometen regresar...

No interpretes lo que digo,
ni adivines lo que callo.
Jamás me mires por dentro,
ni te atrevas a mostrarme tu interior.
Nunca creas haber hallado certezas acerca de mí,
ni te ofendas si parece que desconfío de vos.
Olvidá ni nombre cada noche,
así como también que durante el día vos tuviste uno
y me lo confesaste.
Evitá buscar mis labios,
pero más aún que yo encuentre tu boca.
Leéme al revés,
yo escucharé tu despedida de corrido.
Descartá
la posibilidad
de mantenerte
a distancia.
Ya ves,
no sirve correr
hacia el lugar del que te querés escapar.
Pero el punto es ese...
mi lugar está acá.
Y vos, qué esperás?
jueves, 5 de agosto de 2010
Que negar palabras es abrir distancias.
viernes, 30 de julio de 2010
¡ MAÑANA, YA VERÁS, VAN A CRECERNOS ALAS !

Llega un momento en el que ya no sirve llorar, las lágrimas se convierten en aire y apretar los párpados es como inhalar mientras que dejarlas caer sería lo mismo que exhalar. Por eso te digo que se vuelve innecesario, prácticamente mundano.
Entonces el dolor toma otra vía de escape y se retuerce el alma dentro del estómago para dar paso a los espasmos. Comienza la función en el teatro del horror. El cuerpo se debate entre la asimilación y el rechazo. Se pueden apreciar los intentos del diafragma por acabar con todo, por perpetuar un vacío tanto sólido como líquido. Todo se va de uno, salpicando una existencia deshecha por las vicisitudes de la vida. La garganta arde y la boca se entrega a la voluntad de un cuerpo ansioso por limpiarse del todo.
El alma forja la pureza de un organismo contaminado por los miedos y las inseguridades, quiere hacer del hombre un animal de naturaleza despierta, alerta a la luz del mundo. Se le pide al ser aturdido que abra los ojos y se sitúe nuevamente en el espacio-tiempo, que se sacuda el espanto de las neuronas y rectifique su arraigo insalvable a una tierra que lo atrae y lo conserva dentro de un mismo cielo. Dejar esa concepción idiota de la realidad como una calesita macabra que todo lo gira y lo distorsiona. Darse la oportunidad de comenzar de nuevo, sentirse libre de todo pasado subyugante y confiar en nuestra capacidad innata de regeneración.
En ocasiones se vuelve una necesidad mental y hasta orgánica vaciar el cuerpo de todo lo que limita al alma, es entonces cuando todos los órganos se disponen a salir a escena. Así las cosas, se da comienzo a la función estelar del despojo absoluto: evaporar la carne, licuarse los huesos, quemar la sangre, escurrir bilis. Y como detalle final, antes de que se cierre el telón, el último espasmo. Una cuasi convulsión espantosa seguida del llanto primero de un cuerpo que nace, mezclado con el grito desgarrador de un alma que al saberse presa, desespera.
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